Felices los que lloran, porque recibirán consolación. ¿Quién sino Él es capaz de juntar la felicidad y el sufrimiento, para dar lugar a una enorme bendición? El mundo suele separar ambas cosas, pero Él las junta, por tanto lo que Él ha unido que no lo separe hombre alguno. Y es que los que lloran por su pecado y por los de otros – sello de los escogidos – tienen un verdadero gozo, un enorme consuelo: la consolación misma. ¿Como ha de ser consolado el que no se contrita? Somos como un puerto, porque las mayores riquezas nos llegan por la vía marítima. Que cuando llegue la tormenta con sus fuertes lluvias, podamos apoyarnos en Dios. En verdad es cierto el Salmo: por el valle de las lágrimas se llega a Sión.

Atravesando el Valle de las Lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion. (Sal 84:6-7)