No me gusta mucho hablar de este tema, por dos motivos: primero, porque no me agrada tener que probar algo que no necesita ser probado; y segundo, porque existe el peligro de reducir la fe a una mera aceptación de la existencia de Dios, cosa que es descabellada.

Siempre existirá la gente que se pregunta si Dios existe realmente. Para ellos es, en primer lugar, este pequeño escrito. También es para aquellos que, estando seguros, tienen que defender el nombre de Dios.

La verdad es que no me interesa cúantas teorías se puedan elabrorar sobre el origen del universo. Es cierto que el Génesis dice que Dios creó el mundo en seis días. Y por los otros datos que nos entrega, podemos deducir que fue hace unos 6.000 años. Pero ellos dicen que no, que el mundo tiene millones y millones de años, y por tanto, la Biblia miente. Eso es porque no saben que, como dice Pedro, para el Señor “un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Pedro 3:8). Dios no tiene la misma concepción del tiempo que el hombre, pero como la humanidad es antroprocéntrica, lo ve todo bajo su propias concepciones y no es capaz de entender tales verdades.

Ahora bien, sin más vueltas, quisiera pasar al tema de la creación del universo. Es cierto que Dios creó el universo, pero como los no cristianos tampoco estudian bien la Biblia, obvian que su idioma original no es, en este caso, el español; sino el arameo y el griego. Lo que se traduce como universo en el nuevo testamento, proviene del griego “Kosmos”, que significa “sistema ordenado”, “orden” u “armonía”. Dios es el creador del “orden”, el creador de todo un “sistema ordenado” y “armonioso”. Sí, quizás haya sido el famoso big-bang – quien sabe, no soy científico. Y si fue el big-bang, fue porque Dios lo ordenó así. Quizás esto, al no cristiano, le suene a fanatismo. Pues bien, usaremos lógica básica para zanjar el asunto.

¿Así que el big-bang creó el universo? Okey. ¿Y qué había antes del big-bang? Porque, según yo sé, como ninguna cosa puede nacer de la nada, algo debe de haber existido antes del big-bang. Y algunos dirán que no saben, pero que había algo antes del big-bang. Okey, ¿y qué había antes de ese algo antes del big-bang? Llegados a este punto, tenemos dos opciones: Prolongar el problema hasta el infinito, lo cual es un absurdo, puesto que sería “chutear” el problema; o pensar lo siguiente: Que como nada puede nacer de la nada, la nada no existe como tal. Esto es una ley: todo efecto debe tener una causa. Y como ninguna cosa puede autocrearse, es decir, hacerse a sí mismo de la nada, sólo nos queda aceptar que existió una cosa primera, preexistente, causa de todas las otras cosas. ¡Qué bien sabían estas cosas los antiguos!

"Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten" (Colosenses 1:17)