Las maravillas de tu Ley…

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Los verdaderos hijos de Dios aman su Palabra y la meditan todos los días (Sal 119:97). No se trata de un conocimiento vanal, de ubicación de textos o de simple apreciación. ¡Hasta Satanás conoce la palabra de Dios! (Mateo 4:6).

¿Cómo estar seguros de que estamos en una relación correcta con Dios? ¿Será acaso por lo que hacemos? Seguro que no, porque eso es depositar nuestra confianza en nosotros mismos y no en Dios (Efesios 2:9; 1 Corintios 1:29; Tito 3:5) ¿Será por la iglesia a la que asistimos? Tampoco, porque Dios condenó a Israel por su ritualismo sin sentido, sus canastas llenas de ofrendas en contraste con su vacío corazón (Amós 5:21; Isaías 1:11-17; Isaías 29:13). ¿Qué será entonces…?

“Shemá, oh Israel”…¿recordáis esas palabras? Esperad en ellas.

"pero los que esperan en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán." (Isaías 40:31)

Martin Luther…

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…o hispanoamericanamente conocido como Martín Lutero, fue un personaje sencillamente increíble. Pocos aprecian con exactitud la importancia histórica de Lutero en la historia del catolicismo. Hoy quisiera hablar de este gran hombre, a propósito de mi adquisición – ¡gracias mi Dios! – de una colección de sus sermones.

Así como las falsas doctrinas se habían apoderado de la iglesia en los tiempos antiguos de mano de Arrio, obispo de Alejandría, así también sucedió en los tiempos de Lutero.(1) Las indulgencias, el claustro de las escrituras, el falso purgatorio, y la falsa piedad se apoderaban de la sociedad cristiano-medieval de entonces, y se esgrimían como los vicios incurables del que una vez fue el pueblo de Dios.

¿¡Cesar Borgia, Papa!? ¿Que hubiese sido de nosotros? ¡Si hasta Nietszche se gozó de su nombramiento! Sin embargo, impulsados por la reforma, contrarreformamos. Aunque el nombre está mal puesto: en la práctica, nuestra iglesia avanzó como lo propuso la reforma de Lutero. Y además, tampoco es una re-forma – no es otra forma – sino que se volvió a la misma forma que se debió haber tenido siempre. Lo que yo llamo una “archimorfosis”, es decir, la transformación a la forma primera.

PUNTO APARTE: ¿Quién demonios escribió la historia de la reforma y la contrarreforma? Está conceptualmente muy mal elaborada.

Aunque esta archimorfosis, como toda transformación, es un proceso: requiere energía para seguir procesándose. En biología, por ejemplo, la planta requiere luz solar, agua y buena tierra. Nuestra iglesia requiere, como energía para seguir el proceso, aún más colirio en los ojos. ¡Ah! Y una lavadora dónde depositar sus percudidas – y antes albas – ropas.

(1) Para una idea de la magnitud de la crisis. Sólo dos obispos no cayeron en la herejía de Arrio, en el siglo III.