Conocerte de verdad

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¿Quien te conocerá como te conocemos los que en verdad te conocemos? Creo que nadie tiene gozo más grande que nosotros. Y sabemos que conocerte no es sólo cogno-certe, sino más bien eso mismo, conocerte. Pero los que no te conocen ¿cómo entenderán qué significa conocerte? Sin duda ellos dirán “¡Le conocemos!”, sin embargo, tan lejos estan de Ti como el sol de desaparecer. En verdad, quiero hacer algo que no puedo hacer, que no depende de mí: quiero que te conozca todo el mundo, como te conocemos los que en verdad te conocemos – perdóname por esto. Pero no faltará el necio que diga: “¿Para qué conocerle, si basta con hacer lo que nos mandó?” ¡Necio! Así tu caridad será mera filantropia; tu pureza, decencia; tu mortificación, simpleza; tu disciplina, látigo; y todas tus obras, estériles.

¿Lo has entendido ya? Medita sobre tu vida, medita sobre las cosas a las cuales les dedicas tu tiempo. El único tiempo bien gastado – ¡el único! – es el tiempo que es dedicado a la gloria de Dios. ¿No sabes cómo hacer que ese tiempo sea para Su gloria? Entonces estás como este pobre Adán. Si quieres, por lo menos, oír al Maravilloso, búscalo en su palabra y deja que Él te instruya.

Martin Luther…

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…o hispanoamericanamente conocido como Martín Lutero, fue un personaje sencillamente increíble. Pocos aprecian con exactitud la importancia histórica de Lutero en la historia del catolicismo. Hoy quisiera hablar de este gran hombre, a propósito de mi adquisición – ¡gracias mi Dios! – de una colección de sus sermones.

Así como las falsas doctrinas se habían apoderado de la iglesia en los tiempos antiguos de mano de Arrio, obispo de Alejandría, así también sucedió en los tiempos de Lutero.(1) Las indulgencias, el claustro de las escrituras, el falso purgatorio, y la falsa piedad se apoderaban de la sociedad cristiano-medieval de entonces, y se esgrimían como los vicios incurables del que una vez fue el pueblo de Dios.

¿¡Cesar Borgia, Papa!? ¿Que hubiese sido de nosotros? ¡Si hasta Nietszche se gozó de su nombramiento! Sin embargo, impulsados por la reforma, contrarreformamos. Aunque el nombre está mal puesto: en la práctica, nuestra iglesia avanzó como lo propuso la reforma de Lutero. Y además, tampoco es una re-forma – no es otra forma – sino que se volvió a la misma forma que se debió haber tenido siempre. Lo que yo llamo una “archimorfosis”, es decir, la transformación a la forma primera.

PUNTO APARTE: ¿Quién demonios escribió la historia de la reforma y la contrarreforma? Está conceptualmente muy mal elaborada.

Aunque esta archimorfosis, como toda transformación, es un proceso: requiere energía para seguir procesándose. En biología, por ejemplo, la planta requiere luz solar, agua y buena tierra. Nuestra iglesia requiere, como energía para seguir el proceso, aún más colirio en los ojos. ¡Ah! Y una lavadora dónde depositar sus percudidas – y antes albas – ropas.

(1) Para una idea de la magnitud de la crisis. Sólo dos obispos no cayeron en la herejía de Arrio, en el siglo III.