Más que vencedores…

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Somos más que vencedores porque no ganamos por nosotros mismos. ¿Acaso el vencedor no es el que gana por su propio mérito? Sin embargo, somos más que vencedores, porque hemos sido hechos un victorioso ser humano por medio de aquel que nos amó, y creemos en que él tiene el poder para levantar a cualquiera. Porque nada hay imposible para Dios. Ya no estamos condenados. ¡No podemos estarlo!

¿Y quién dirá algo en nuestra contra? Dios es el que nos justificó. Y nada, absolutamente nada de lo que existe y de lo que no, podrá separarnos del amor de Dios, manifestado por su hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:38-39)

 

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Oh Efraín, Oh Judá…

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¿Qué hacer cuando nos sentimos lejos de Dios? ¿Como asirle otra vez? o mejor dicho ¿cómo dejarnos asir por Él, para que tome las riendas de nuestra vida otra vez? Recuerdo lo que Él dijo por boca de Oseas: “¿Qué haré contigo, Efraín? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque vuestra lealtad es como nube matinal, y como el rocío, que temprano desaparece.” (Os 6:4)

Pero Él, en su inmenso amor, se compadece de nuestras deslealtades. Así, leí más adelante: “¿Cómo podré abandonarte, Efraín? ¿Cómo podré entregarte, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como a Adma? ¿Cómo podré tratarte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se enciende toda mi compasión.” (Os 11:8)

¡Oh, que amor tan grande! Él arde en deseos de perdonarnos. Solo nos queda clamar. Clamar a Dios por compasión. Esa es mi elección, ante mis evidentes deslealtades, ante la ley del pecado que se apodera de mis miembros. Porque no quieres el sacrificio de mis obras, no quieres holocaustos. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado. Mi corazón, contrito y humillado, no despreciarás Tú, oh Dios.

Porque misericordia quiero, y no sacrificio; y conocimiento de Dios, más que holocaustos. (Os 6:6)

 

Las maravillas de tu Ley…

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Los verdaderos hijos de Dios aman su Palabra y la meditan todos los días (Sal 119:97). No se trata de un conocimiento vanal, de ubicación de textos o de simple apreciación. ¡Hasta Satanás conoce la palabra de Dios! (Mateo 4:6).

¿Cómo estar seguros de que estamos en una relación correcta con Dios? ¿Será acaso por lo que hacemos? Seguro que no, porque eso es depositar nuestra confianza en nosotros mismos y no en Dios (Efesios 2:9; 1 Corintios 1:29; Tito 3:5) ¿Será por la iglesia a la que asistimos? Tampoco, porque Dios condenó a Israel por su ritualismo sin sentido, sus canastas llenas de ofrendas en contraste con su vacío corazón (Amós 5:21; Isaías 1:11-17; Isaías 29:13). ¿Qué será entonces…?

“Shemá, oh Israel”…¿recordáis esas palabras? Esperad en ellas.

"pero los que esperan en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán." (Isaías 40:31)

Felices los que lloran…

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Felices los que lloran, porque recibirán consolación. ¿Quién sino Él es capaz de juntar la felicidad y el sufrimiento, para dar lugar a una enorme bendición? El mundo suele separar ambas cosas, pero Él las junta, por tanto lo que Él ha unido que no lo separe hombre alguno. Y es que los que lloran por su pecado y por los de otros – sello de los escogidos – tienen un verdadero gozo, un enorme consuelo: la consolación misma. ¿Como ha de ser consolado el que no se contrita? Somos como un puerto, porque las mayores riquezas nos llegan por la vía marítima. Que cuando llegue la tormenta con sus fuertes lluvias, podamos apoyarnos en Dios. En verdad es cierto el Salmo: por el valle de las lágrimas se llega a Sión.

Atravesando el Valle de las Lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion. (Sal 84:6-7)

El DT Supremo

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En estos tiempos del mundial y tras haber leído un escrito de un gran amigo, es que pongo en el tapete esta reflexión. Cristo es el DT de nuestras vidas por excelencia. Cuando nos dejamos llevar por sus instrucciones y participamos como Él nos dice que lo hagamos, llegaremos a la victoria. Pero algunos quieren el éxito inmediato, y cuando fallan, dicen “El DT es malo”. No es que Cristo falle, sino que nosotros, los jugadores, fallamos. Él es el mejor DT del mundo: sólo debemos confíar en Él.

Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que El os diga. (Juan 2:5)

Sabiduría

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¿Qué es la sabiduría? ¿Acaso no nos enseña Salomón que el principio de la Sabiduría es el Temor de Dios? (Prov 1:7) Por tanto, a ti que buscas la sabiduría: “No rechazes la disciplina del Señor ni aborrezcas su reprensión, porque el Señor a quien ama reprende.” (Prov 3:11-12a) Conoce al Señor, guarda sus mandamientos y serás sabio.

El que no sabe, y no sabe que no sabe; es necio: evítalo.
El que no sabe, y sabe que no sabe; es un simplón: enséñale.
El que sabe, y no sabe que sabe; está dormido: despiértalo.
Mas que sabe, y sabe que sabe; es sabio: síguelo.

Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. (Stgo 1:5)

Tiempo

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Nuestra cultura nos enseña que el tiempo es dinero, cuando en realidad, es mucho más valioso que el dinero. Es un recurso no renovable: una vez que lo hemos gastado, si lo hemos gastado mal, se ha ido para siempre.

Por tanto, tened cuidado cómo andáis; no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. (Efesios 5:15-16)

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