No me agrada la gente que habla de Agustín sin comprenderlo realmente. Es medio fácil repetir sus frases más famosas, como el “Tarde te amé…” o el “Ama y haz lo que quieras” entre muchas otras – personalmente creo que hay mejores que esas. Cualquiera puede memorizar un par de versos de sus Confesiones para que todos vean que ha leído a uno de los cristianos más insignes de la historia. Supongo que es como la biblia: un par de versiculos acá, otro poco allá y ¡voilà! ya soy un teólogo consumado. En verdad, este mudo está lleno de gente ignorante que se disfraza de sabio. Gracias a mi Señor que aviva mis sentidos a la hora de descubrir a estos charlatanes.

Vamos al grano pues. ¿Qué son las Confesiones? ¿Alguna vez se han preguntado por qué un tal Agustín quería que todo el mundo supiese lo que pasaba en su interior? ¿Qué quería lograr con eso? No es el relato de su vida lo que importa – bueno, quizás le importe al charlatán, para aprenderse algunos datitos curiosos y comentarlos entre los otros pseudo-eruditos – sino sus reflexiones en cuanto a él mismo, al hombre, a la naturaleza de Dios y a otros temas que aquejan al hombre moderno. ¿Y cómo consiguió Agustín tal conocimiento de Dios? Él lo atribuye al Espíritu de Dios, Espíritu que vive sólo en los que creen en Jesucristo.

Ahora bien, volvamos a la pregunta del por qué de las Confesiones, que creo es la parte más importante de todo el libro. Agustín dice que para que el mundo le crea ha escrito sus Confesiones. ¿Le crea qué? Pues, supongo que los tiempos antiguos eran similares a los de hoy en día. Supongo que la gente igual seguía diciendo: “Oh si, yo soy cristiano” cuando en realidad, de cristiano tenía sólo el nombre. Es como la gente que hoy en día dice: “Pero si yo creo en Dios”. Está bien, dice Santiago, también los demonios creen, y tiemblan por ello – no has hecho nada nuevo.

Al final, creo que Agustín escribió sus Confesiones por la misma razón que yo este comentario. Para decir: “¡Escuchen sordos! Hay un Dios que creen conocer, pero que no conocen. ¡Leánme! Así sabrán como piensa un hijo de Dios. Y sólo me creerán los que a Dios abra los ojos.” Podría eufemizar eso para que no suene tan brusco, pero como no busco la aprobación humana, sino la de Dios, los dejaré con eso.