Podemos leer en Romanos que Pablo no se avergonzaba del evangelio. Es una declaración extraña si consideramos que viene del misionero más grande de la cristiandad. ¿Acaso Pablo o alguien tenía la posibilidad de avergonzarse del evangelio?

Pues si, Pablo, en la carne, tenía muchas razones para avergonzarse del evangelio, porque contradecía muchas de las cosas que se creían en su cultura. Para el judío, era una blasfemia, porque indicaba que ese carpintero pobre de Nazaret que murió en una cruz maldecido, era en realidad el Mesías y el Hijo de Dios. Para el griego, era el absurdo más grande jamás inventado, porque declaraba que un judío extraño, de un lugar lejano, era en realidad Dios en la carne. Pablo sabía que cuando abría su boca para proclamar el evangelio, iba a ser ridiculizado y tratado como un loco, a menos que el Espíritu se moviera sobre los corazones y las mentes de sus oyentes.

Cuando predicamos el evangelio de la forma correcta, en verdad es un escándalo; y si tratamos de disminuir el escándalo, ya no estamos predicando el evangelio.

Por ejemplo, Minucius Felix, romano contemporáneo de Pablo, escribe: “Los cristianos presentan delirios enfermizos, una superstición loca y sin sentido, que lleva a la destrucción de toda la religión verdadera”. Plinio, el Joven, luego de interrogar y torturar a dos niñas cristianas, por no dar el culto al César, informa: “No he descubierto más que una superstición perversa y extravagante.” Lucian se burla de los cristianos como: “Pobres diablos, que niegan a los dioses griegos, y en vez de eso, honran a ese sofista crucificado y viven de acuerdo a sus leyes.”

Hoy en día, el evangelio verdadero no es menos ofensivo. Eso es lo que quiero ver en las próximas tres entradas. El evangelio contradice cada “ismo” de nuestra cultura: Pluralismo, Relativismo y Humanismo. Partiré con el primero.

El pluralismo es el sistema de creencias que declara y reconoce que todo es verdad, declarando entonces, el fin de la verdad. Cuando etiquetamos como verdad declaraciones contradictorias, tenemos como resultado la muerte de la verdad.

En los primeros siglos del cristianismo, el sistema religioso funcionaba muy bien. Todos los hombres aceptaban las deidades de otros, se las intercambiaban (Israel no estaba ajeno a esta costumbre). Se traspasaban fácilmente de cultura en cultura. Los mercaderes lucraban con las imágenes de este o cual Dios, y la gente las compraba como quien colecciona figuritas de un set [Hch 19:23-28]. Todo iba bien, hasta que los cristianos aparecieron.

Dijeron que los dioses hechos por manos humanas no eran dioses en realidad; no reconocían al César sino a Cristo como Señor. El mundo entero los clasificó como arrogantes por eso, por creerse dueños de la verdad y del único Dios cuando lo natural era compartirlos todos. Reaccionaron con furia contra ellos, por su intolerancia intolerante hacia la tolerancia, y los persiguieron y castigaron con dureza.

Se nos dice que todos los puntos de vista con respecto a la religión y la moralidad son verdades, son válidos, sin importar cuán diferentes o contradictorios que puedan ser. Y esto está siendo aceptado como verdad mayoritaria hoy en día, sin distinción entre cristianos y no cristianos.

Claramente, la causa del pluralismo es el terror de volver a la Guerra Mundial o a algo como la Guerra Fría. El hombre miró con temor el enfrentamiento de dos o más ideologías y las nefastas consecuencias de aquellos choques. Pero el pluralismo no es la cura, sólo anestesia al paciente para que no pueda pensar más.

El evangelio es la cura. El evangelio despierta al hombre, lo obliga a buscar la verdad. No lo deja descansar en un fundamento tan ilógico. A cada instante nos grita “¡¿Cuánto más titubearás entre dos opiniones!?”. El evangelio de Jesús es radicalmente exclusivo. Cristo es EL camino, es LA verdad y es LA vida. No es un camino, una verdad o una vida. Si dijeramos que el cristianismo es un camino y no EL camino, entonces ya no seríamos tratados mal y eliminaríamos toda la persecución y todo el desprecio de los demás.

Si decimos “Ok, ese es tu camino. Sigue en el tuyo y yo en el mío” el cristianismo deja de ser cristianismo y nosotros cristianos; negamos a Cristo y el mundo se queda sin salvador.

Próximamente, escribiré sobre el relativismo y más tarde, sobre el humanismo.

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