Nunca me ha gustado abanderarme, ni tampoco ayudar a mutilar el cuerpo de Cristo al modo corintiano. Pero entiendo a los que lo hacen, básicamente, porque también lo hice y pensé como ellos piensan ahora.

Hace poco leía un artículo crítico del Fundamentalismo Cristiano. La verdad es que comparto bastante poco del contenido de dicho articulo, pero me gustaría esgrimir un par de razones y hacer una pequeña reflexión.

Muchos ven el fundamentalismo como algo materialmente reaccionario (incluso el mismo término los asusta), cuando es ideológicamente reaccionario. En efecto, el fundamentalismo cristiano está en contra del modernismo, pero jamás ha planteado volver a vestir en pieles o eliminar los aviones o los automóviles o dejar de usar las computadoras, como algunos plantean. El problema del modernismo está en su ideario, no en su producción material. En todo tiempo y cultura son las ideas que no provienen de Dios las que hacen daño y causan desastres.

Estaba leyendo que, cito: “Cristo era un revolucionario cultural y social que no cumplía con las convenciones de una sociedad formal, vulneraba las leyes religiosas constantemente, se asociaba con «indeseables» y por lo general desafiaba el vacío y la superficialidad de las tradiciones y creencias de la sociedad. Cristo fue crucificado, por lo menos parcialmente, por ser un modernista y un relativista ético. Si Cristo viniera a vivir con nosotros en el siglo XXI, sería crucificado de nuevo, no porque le odien, sino porque no sería reconocido.”

A primera vista, parece bastante aceptable la visión de Cristo de este escritor anónimo. ¿Crees tu en este Cristo? Antes de que quieras responder, permítete leer lo que sigue.

Aquí nuestro autor ilustra un Cristo desacomodado a la sociedad y realiza un paralelismo temporal (bastante forzado) entre las ideas de Cristo y las ideas modernas. Básicamente dice que Cristo era “como un modernista”. Se identifica con un sector y tipo humano disconforme (tipo que surge de la postguerra, de la herencia hippie y sus consecuencias). Una interpretación más que asimilada de tantas veces que se repite por todos lados.

Pero nuestro autor raya en la incompresión de la escritura hasta tal punto de ocupar tres conceptos fatales para hablar de Cristo. Habla de Él como “vulnerador de la leyes religiosas”, como “modernista” y – la gota que rebalsa el vaso – ¡como un “relativista ético”!

Aunque nuestro autor no coloca citas bíblicas o no hace referencia a ningún pasaje de la escritura para justificar lo que escribió allí, asumiré que lo de “vulnerador de las leyes religiosas” proviene de los famosos pasajes en donde Cristo realizaba milagros en los días de reposo, porque no conozco otra referencia que se acerque a que Cristo quebrantara las leyes religiosas de su tiempo. Es más, el mismo dice en el Sermón del Monte: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mt 5:17). Si Cristo dijo esto, seguramente fue porque alguien de su tiempo ya lo había acusado de querer quebrantar y derogar la ley de Moisés. En consecuencia, los que ven a Cristo como un “quebrantador de la ley” yerran el blanco medio a medio y no han comprendido el propósito de Cristo. Volviendo al ejemplo particular del día de reposo, el no intentaba revelarse ni mostrar su descontento hacia las autoridades religiosas de su tiempo haciendo lo que hacía, sino que intentaba enseñar a otros el verdadero significado del día de reposo, que de ser un día de descanso y de honra a Dios, se había convertido en un día lleno de estresantes prohibiciones y preocupaciones por no hacer algo “malo” o “prohibido” o “incorrecto” en ese día. Pero Jesús no propone algo nuevo, sino siempre, una vuelta al propósito original de Dios escrito en el la ley y los profetas, que los hombres habían distorsionado.

No sé realmente a qué se refiere con “modernista”, pero claramente es un anacronismo terrible. Por mucho que quiera establecer paralelos entre Cristo y las ideas modernas, nuestro autor no puede tomar una idea que nace más de mil años después de Cristo para aplicársela a Él. O si va a hacer eso, por lo menos tiene que demostrar que la idea se remonta a los tiempos de Cristo, cosa que no hace y que, a mi parecer, está bastante lejos de la verdad, porque el modernismo como idea es bastante posterior a Cristo.

Él último de los conceptos remata las erradas elucubraciones de nuestro autor sobre la persona de Cristo y es como una especie de broche de oro para tamaña palabrería. Llama a Cristo un “relativista ético”. El relativismo en ética es una idea que sostiene que no existen verdades absolutas porque el hombre es incapaz de alcanzar o conocer la verdad, por lo tanto, cada uno puede levantar su propia verdad, tan correcta como las de los otros. De ahí, al pluralismo ético-moral (es decir, diferentes normas en una sociedad) hay un paso. ¿Crees que Cristo era un relativista? ¿Sonaba como uno cuando decía: “Uno es el camino que conduce a la vida” o “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”?

¡Cristo no vino a implantar algo nuevo! Lo que vino a hacer fue restaurarlo a su forma original, a eliminar las cosas que con el tiempo los hombres que no eran de Dios fueron introduciendo, junto con todos sus demás vicios y malas costumbres. Debemos volver a la pureza de la primera iglesia, que aún no se había contaminado de todos los vicios e ideas de los hombres a lo largo de la historia y que se han escondido dentro del mensaje original. No por nada dice Dios por boca de Jeremías: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.” (Jer 6:16). No es en las “nuevas sendas” sino en las “sendas antiguas” donde debemos buscar el buen camino. Lo que lleva tiempo se descompone, es inevitable. En verdad caemos en ingenuidad si pensamos que la iglesia será pura por siempre. Israel cayó ¿qué hay de diferente en nosotros? También podemos caer, pero no de la gracia de Dios. Me refiero a los hombres que creen que son de Dios, pero que jamás han recibido su misericordia ni su gracia.

En verdad oremos. Oremos por el avivamiento que necesita la iglesia que es una, invisible y universal. Por la vuelta al buen camino, como sucedió en tiempos de Ezequías.

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