Somos más que vencedores porque no ganamos por nosotros mismos. ¿Acaso el vencedor no es el que gana por su propio mérito? Sin embargo, somos más que vencedores, porque hemos sido hechos un victorioso ser humano por medio de aquel que nos amó, y creemos en que él tiene el poder para levantar a cualquiera. Porque nada hay imposible para Dios. Ya no estamos condenados. ¡No podemos estarlo!

¿Y quién dirá algo en nuestra contra? Dios es el que nos justificó. Y nada, absolutamente nada de lo que existe y de lo que no, podrá separarnos del amor de Dios, manifestado por su hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:38-39)

 

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