¿Qué hacer cuando nos sentimos lejos de Dios? ¿Como asirle otra vez? o mejor dicho ¿cómo dejarnos asir por Él, para que tome las riendas de nuestra vida otra vez? Recuerdo lo que Él dijo por boca de Oseas: “¿Qué haré contigo, Efraín? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque vuestra lealtad es como nube matinal, y como el rocío, que temprano desaparece.” (Os 6:4)

Pero Él, en su inmenso amor, se compadece de nuestras deslealtades. Así, leí más adelante: “¿Cómo podré abandonarte, Efraín? ¿Cómo podré entregarte, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como a Adma? ¿Cómo podré tratarte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se enciende toda mi compasión.” (Os 11:8)

¡Oh, que amor tan grande! Él arde en deseos de perdonarnos. Solo nos queda clamar. Clamar a Dios por compasión. Esa es mi elección, ante mis evidentes deslealtades, ante la ley del pecado que se apodera de mis miembros. Porque no quieres el sacrificio de mis obras, no quieres holocaustos. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado. Mi corazón, contrito y humillado, no despreciarás Tú, oh Dios.

Porque misericordia quiero, y no sacrificio; y conocimiento de Dios, más que holocaustos. (Os 6:6)

 

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