Medio obligado, medio queriendo; así parto. Con tristeza, pero a la vez con alegría; con miedo, pero con valentía; confiando en Dios en todo momento. Confío en que de lo malo hará aparecer algo positivo: esa es mi esperanza. Creo que me tiene preparada una misión allá, una pequeña tareilla, para poder glorificar su nombre. Creo que estaré bien, que nada malo pasará…

Quizás sea hora de labrar otros campos de los que el Señor es dueño absoluto. Colaboradores de Dios somos, en todo lugar, en cualquier parte podemos proclamar sus maravillas. Y el nos aparta y nos envía conforme a su beneplácito, a su voluntad, a que otros conozcan su mensaje.

Y mientras tanto, sigo a la carrera para asir aquello por lo que fui asido por Cristo. A la verdad corro, no con la rapidez de algunos. Sin embargo, el Señor conoce las intenciones de mi corazón: el me hará uno más de sus santos, uno más apartado para servirle y honrarle.

Conserven la fe hermanos…

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