En mi vida he oído hablar a muchas personas. También he leído a otras tantas, pero en número muy inferior. Sin embargo, pocas son las que me han convencido con una maravillosa congruencia y ejemplo de las enseñanzas del Maestro.

Con razón se dice que la lengua es traicionera. Traicionera porque, a los que la saben leer, manifiesta los más arcanos pensamientos de quienes la andan soltando en demasía por allí y por acá: y eso los condena. Prefiero, antes, hablar poco, sobretodo de mí mismo; refrenar mi lengua, no sea que yo también vaya a ser encontrado culpable.

Unos creen ser más sutiles en sus discursos: alaban su justicia y se exaltan ellos mismos hablando sólo de las cosas que hacen. Se colocan, así, en un puesto que no les corresponde. Si supieran que vale más humillarse y clamar por ayuda…pero no. Para ellos, las obras de sus manos lo son todo. ¡Hipócritas! Ayudan al desvalido, amparan a la viuda, socorren al caído; pero son egoístas, iracundos, traicioneros, mentirosos, amantes de ellos mismos, narcisistas. ¿Cómo puede esto ser así?

“Aquieto la conciencia cumpliendo mi deber. Socorro a los débiles para acallar mi culpa. Alimento a los hambrientos para tenerme seguro.” piensan. Cuando mejor debiesen ser misericordiosos, mansos, tiernos, humildes, sufrientes, pobres, pacificadores. Pero no; buscan riñas y pleitos para deshacerse de los que los importunan, desechan la ternura por considerarla una debilidad, son incapaces de perdonar sin recelos, son soberbios y no les gusta que los “pasen a llevar”…

¿Que tipo de ayuda podría recibir alguien de una persona así?

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y éstas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquéllas.

No se preocupen aún, porque no seré yo quien luche contra ustedes: no me corresponde, no es mi lugar. Será el Señor “el cuál aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios”

A Él sea la Eterna Gloria por siempre.

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